En Armenia (Colombia) el inicio de septiembre de 2015 hizo las delicias de los buenos amantes del café, el clima cálido y la psicología.

El Centro de Convenciones de la ciudad de Armenia, en el departamento del Quindío, recibió durante los primeros días de septiembre a multitud de profesionales de la psicología procedentes de distintos puntos de Latinoamérica y del mundo, si bien todos llegaron al encuentro a través de la hermosa “autopista del café”. El enclave del evento acogía a los asistentes, participantes, ponentes, estudiantes y curiosos con la tibia calidez de su clima; las montañas cubiertas de cafetales y plataneros les esperaban pacientes a la salida para celebrar sus éxitos, aprendizajes y nuevas amistades de la jornada, brindando con una taza del mejor café del mundo.

Esta es una de las formas con la que Colombia decide afrontar la más abominable de las problemáticas humanas: la guerra. Invitemos a todos y a todas, abramos las puertas del corazón de nuestra tierra a los que han investigado sobre tan crueles conductas humanas y también sobre las más bellas formas de luchar contra ellas; sobre las emociones y sentimientos que han permitido a tantas víctimas reconstruir sus vidas; sobre la familia que permanece unida ante la adversidad, y sobre las que no lograron hacerlo y necesitan un nuevo camino; sobre las dificultades interiores y exteriores que aparecen ante el planteamiento de una nueva realidad, tanto social como individual. La paz. El postconflicto.

Psicólogos y psicólogas de Colombia, Latinoamérica y del mundo. ¿Cómo ayudamos a sanar esta profunda grieta en nuestra tierra? ¿Cómo se sienten los desplazados, migrantes, movilizados ante la pérdida de su hogar, su identidad, sus roles…? ¿Qué les pasa por la cabeza y cómo afecta a sus relaciones? ¿Cómo se construye una comunidad de apoyo en un contexto reinado por el miedo, la violencia y la desesperanza? ¿Qué podemos construir desde la Psicología, la ciencia que nos da preguntas y respuestas sobre el motor más profundo del conflicto y la esperanza humanos?

Todas estas preguntas, muy probablemente, se desarrollaron en este último congreso en torno a sus ejes temáticos: postconflicto, derechos humanos, reconciliación para la paz, convivencia, empleo, calidad, bienestar, salud…

AICP y Escuela Integrativa de Psicología, tuvo el honor de participar en este espacio tan importante para Colombia en estos momentos, con una aportación dirigida a la reconstrucción de los proyectos de vida de las víctimas del conflicto armado, a través de un programa diseñado con técnicas de la psicología y la metodología del coaching para la consecución de objetivos. Un programa previamente contrastado en comunidades de riesgo de exclusión en España, Italia y Colombia.

En situación de postconflicto los problemas son distintos a los de la guerra. En la guerra se intenta sobrevivir sea como sea, se agradece cualquier instante de tranquilidad en el presente, ya que puede desaparecer en cualquier momento. Las soluciones son intuitivas y rápidas, se apagan incendios, se cura a los heridos con emergencia, se deja ir a los que no lo lograron sin tiempo ni reposo para el duelo. Las ayudas son asistenciales, peligrosas y urgentes. Todo es un caos en el que la única clave psicológica podría ser permanecer en la cordura concentrándose en la solución más inminente y no pensando en el futuro.

Sin embargo, en Colombia desde hace pocos años se habla de postconflicto, y en el terreno de la psicología, hay un gran trabajo por hacer.

La famosa calma que, de una forma u otra, siempre llega después de la tormenta, se convierte en un escenario totalmente opuesto al de la guerra. Es tiempo de organizar, de planificar a largo plazo, de observar las heridas internas para sanar el alma y continuar viviendo. Es hora, más que nunca, de cooperar entre todos/as. De ser fieles a la naturaleza, a nuestra naturaleza, la misma que nos giramos a contemplar desde la autopista del café, y utilizar la cooperación para el bien común, para el bienestar de toda la comunidad. Si en la guerra, desgraciadamente, se practicó el “sálvese quien pueda”, ahora los que sí nos salvamos debemos organizarnos y actuar en la recomposición de nuestras vidas.

La psicología y sus herramientas, son una disciplina valiosísima y absolutamente vital para la salud en el proceso del postconflicto. Combinar pensamientos y voluntades individuales para construir en comunidad; afrontar miedos, traumas, cambios bruscos, pérdidas de identidad, de roles familiares o del sentido de la vida; identificar virtudes y aptitudes para la construcción del nuevo camino. Dirigirlo y proyectarlo todo en torno a un núcleo resistente, bien planificado, tan sólido como las montañas de nuestra cordillera. Ponerlo en acción día a día, celebrar los triunfos, agradecer la vida, la lluvia, el alimento y la salud.

Es lo que tratamos de hacer desde la Escuela Integrativa de Psicología y la AICP para sanar Colombia.

Gracias a los ponentes de nuestro simposio y sus propuestas: Ana María Córdoba, Luz Danny Moreno, Liz Danice Herrera, Juan Carlos Carvajal y Carlos Moya.

Volver a noticias ...